Conversación en la cocina, preparando la cena de este noche.

-Ya, ya, hay que alegrarse pero han plantado la semilla de 50 años más de guerra en Tierra Santa.

-Mujer, no conocemos el futuro y la fe nos permite confiar en Dios, más en un día como hoy.

-Sí, no quiero ser cenizona, perdona, pero llevamos 20.000 muertos: esas dos mujeres católicas de la parroquia, madre e hija, Nahida y Samar, cuando pienso en ellas y en el francotirador apuntándolas dentro de la parroquia, me estremezco entera. Y los tres rehenes israelíes por error, y miles y miles de niños inocentes… ¡Es que todo vale? ¡No hay derecho!

-Bueno, lo que hizo Hamás el 7 de octubre fue diabólico, el mal por el mal, había que cortarlo para siempre como fuera.

-Dios te oiga. ¿“Como fuera”? Tú crees que el Ejército no sabe dónde dispara? ¿Les conviene que todo al mundo les aborrezca? ¡A quién se le ocurre soltar un bombazo en la casa de las Misioneras de la Caridad, las de la Madre Teresa, que cuidan a 54 discapacitados, niños y ancianos, los más pobres entre los pobres. ¡Les han dejado sin electricidad y sin respiradores! Han tenido que salir como han podido. ¡Imagínatelo! Los más inocentes y abrasados de la tierra…

-Es la guerra. Israel ya la ha perdido, sea cual sea el desenlace. El país no levantará cabeza en años y esa seguirá siendo la herida más sangrante del mundo, aunque confíen en sus súperpoderes.

-Claro! Y luego le llaman “incidente”. Como lo de San Porfirio, la parroquia greco-ortodoxa, que fue la primera en caer: 18 muertos. ¡18! Una madre, trabajadora de Caritas, junto a su marido e hijos. Era sanitaria. Viola se llamaba. Es que esto es de locos.

-Es el pecado original campando por sus respetos, puro mal.

-Y no hay rastro de los líderes de Hamás, que han salvado el trasero, como siempre. Son muy astutos. Aunque su gente ha empezado a indignarse porque saben que nos les importan nada. Son como una secta destructiva, de esas que se suicidan, y quieren morir matando.

-Te estás sulfurando demasiado en Nochebuena, no?

-Vale, vale, ya me calmo, pero ¡tú te imaginas la devastación, el horror, el sufrimiento, la falta de esperanza, el desconcierto…? Todo un país en vilo esperando a los rehenes, la política más sucia, los reservistas, la presión internacional, el Papa diciendo lo que puede, el tablero subterráneo, los traficantes de armamento, los intereses más espurios… Y esperando las pausas humanitarias… ¡Como si lograran algo! Y vete tú a saber qué pasa con Hezbolá o Irán. No se puede vivir así.

-Creo que voy a poner música. Cómete un volován.

-Gracias. 

-Algo me dice que no es el día de equilibrar todos los factores ni de soliviantarse sino de esperar, contemplar y confiar. Y de rezar. ¿Qué tal si rezamos algo?

-Todos los días veo en Facebook al padre Jussuf, es súper árabe, celebrando la misa en la Sagrada Familia, con su monjas, sus monaguillos, sus acogidos en chándal, haciendo presente a Jesucristo. ¿No será poca cosa solo rezar?

-¿Te parece poca cosa lo que hace el padre Jussuf? Mantiene la esperanza de su pueblo en estos graves momentos. ¿Y qué podemos hacer que más valga? El patriarca de Jerusalén en su carta a toda la diócesis… 

-Encima! Se les ha ocurrido cambiar su web justo estos días y no la puedo encontrar. Todo son contratiempos.

-Tranquila, te la paso. Decía que los cristianos en este momento podíamos rezar, hacer penitencia e interceder. Que tenemos que mirar hacia arriba para que la fe nos ilumine y que Jesús ya ha ganado en la Cruz, incluso dentro de todo este mal, estableciendo una nueva realidad. Ganó el mundo amándolo. Tenemos que ayudarnos recordándonos esto continuamente.

-A veces pienso que no ha llegado bien hasta nosotros. Yo me indigno todo el rato aunque suenen esos preciosos motetes barrocos. Tanto amor, que podemos parecer tontos. Mira el belén, tan simple y sencillo, sin nada de poder: una minifamilia, invitados de baja estofa, unos hierbajos, silencio, ternura, poca perspectiva de vencer…

-Es la escena de la nueva realidad; ya nos pertenece. Ese Niño es Dios. Nos basta su presencia.

-Y el párroco, en Cisjordania. Quién nos iba a decir cuando lo saludé en Roma el 1 de octubre lo que íbamos a estar viviendo, eh?

-Supongo que estos días irá a Belén, que celebrará su fiesta llena de dolor y tristeza. Han cancelado todas las celebraciones no religiosas. Pero seguro que acompaña a los suyos y les recuerda que con ellos está el Príncipe de la paz.

-No está el horno para bollos, no, pero al menos sonarán las campanas y los villancicos. Cuánto me gustaría estar allí con las combonianas. Tengo que llamarlas para ver cómo andan y cómo va lo de su escuela, que les quemaron el patio y la zona de juegos de los niños con unos cócteles molotov.

-He visto el vídeo con las fotos; necesitan ayuda, que no les llega. Supongo que podemos sumar una pequeña ayuda efectiva.

-Quita la música un momento. Vamos a unirnos a toda la oración de la Iglesia pidiendo el don de la esperanza presente. Reza también algo por nosotros, anda. Luego les hacemos el Bizum.

-Por la paz, por la justicia y el perdón; por un acuerdo duradero y pare ya esta guerra y violencia sin sentido. Por la unidad y la reconciliación. Que empiecen un proceso de paz serio y acabe la ocupación. “El ángel del Señor anunció a María”.